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 Concepto de novela negra.


"Cuando te aproximas a algo debes saber qué puedes esperar de él. Y debes esperar precisamente aquello que constituye su esencia" decía la poeta rusa Marina Tsvetáieva.

La esencia de la novela policial consiste en unos pocos elementos que se mantienen invariables y que no podrían cambiar. Un enigma, el relato de una investigación, un detective y cierta iluminación del mundo: no hay mucho más.


EL ORIGEN DEL GÉNERO POLICIAL.

Hay autores para todos los gustos, que sitúan los antecedentes del género en tiempos muy antiguos, citando la tragedia de Sófocles, Edipo Rey, o la novela picaresca, la biografía de criminales, o los libros de causas célebres, incluso hay algunos que se remontan a la Biblia, me parece una exageración. En este sentido, cualquier narración clásica en la que se haya cometido un asesinato u otro hecho delictivo se puede convertir en originario del género, Hamlet incluido, y seguirá siendo una exageración.

Hay otros autores que se acercan más en el tiempo y ven en la literatura gótica o de horror del siglo XVIII el origen del género policial, citando a Matthew Lewis, El Monje (1796) y Mary Shelley, Frankenstein (1818), y no van mal encaminados pues estos tipos de novelas aportaron al género policíaco el carácter racional, ya que en ellas los misterios siempre tienen una explicación lógica al final del relato.

Pero aún existen otras teorías del origen del género policial, esta vez saltan del aspecto literario y nos lleva al concepto filosófico y citan a  Soren Kierkegaard, que en 1844 publica,  El concepto de angustia. ¿Por qué aparece la novela policíaca? Es el miedo, la “filosofía de la angustia” o “de la inseguridad”, de la que habla Kierkegaard, quien reina en el alma de la gente. En una época convulsa aparece la neurosis de la sociedad industrial.

Y hay algunos autores que aprovechan este hecho para opinar sobre el origen social de la novela policíaca desde un enfoque marxista, entramos en un concepto político, que es lo que nos faltaba.

Más allá de proyecciones de teorías filosóficas y políticas, lo que parece seguro es que el hombre decimonónico estaba necesitado de este género, como se está ahora. En cierta manera todo encaja con la definición de Thomas Narcejac: "La novela policíaca, dice, es un relato donde el razonamiento crea el temor que se encargará luego de aliviar".

Con el respeto que me merecen todos estos argumentos citados, y dignos de un mayor estudio, que los hay, quiero poner las cosas claras desde un principio y con la mayor sencillez posible.

El origen y nacimiento del género policial ocurre en unos momentos puntuales de la historia, en la que suceden una serie de acontecimientos puntuales, hechos delictivos en este caso, de los que son testigos una serie de autores puntuales, que los plasman en sus escritos, creando una serie de normas y claves que van a configurar el género.

A lo dicho hay que añadir una serie de matices para entenderlo bien:

Hay una serie de autores y géneros, anteriores a los momentos puntuales, que en cierta medida van a influir en los autores creadores del género. Pongamos como ejemplo la novela gótica.

Hay también una serie de autores posteriores, que van a derivar las formas originales, y se van a crear nuevos conceptos o subgéneros. Pongamos como ejemplos el thriller o las novelas de espionaje.

Y no olvidemos que estamos hablando de ficción literaria, por lo tanto de creatividad, y a veces es complicado poner normas a la creatividad.

A partir de ahora lo iremos viendo todo y lo comprenderemos con mayor claridad. Eso espero.


NOVELA DETECTIVESCA Y HARD-BOILED.

Todo comienza en un mundo en donde se están produciendo las mayores transformaciones de su historia, debidas a la Revolución Industrial que nació a mediados del siglo XVIII en Gran Bretaña y que poco a poco, como una mancha de aceite, se iba a extender por el resto de la Europa continental y Estados Unidos.

Los cambios efectuados en la industria, auspiciados por la máquina de vapor, en la agricultura y los transportes van a producir una serie de cambios demográficos que se van a manifestar en el crecimiento y creación de las grandes urbes que tendrán que albergar al nuevo contingente humano que va a trabajar en sus industrias.

De esta manera nace un nuevo orden social formado por el proletariado y la burguesía industrial que va a amasar grandes fortunas, desplazando así a las fortunas de cuna, la aristocracia, que hasta entonces habían sido los amos y señores del cotarro, y lo seguirán siendo, pero ya dentro de un orden. Nace así el Capitalismo que va a llegar hasta nuestros días, sistema de desigualdades, de ricos y pobres, que hay que proteger, a los ricos, claro, creando los nuevos cuerpos policiales que se harán cargo de ello.

Las desigualdades sociales al amparo de las grandes urbes van a ser la causa de la criminalidad, que intentarán paliar los cuerpos policiales y si a ello añadimos las desviaciones y lacras inherentes al ser humano, tenemos ya un caldo de cultivo para el nuevo género literario que va a nacer. Tan solo hacen falta los auténticos notarios que den fe de toda esta problemática social, y son los autores, y el primero de ellos, Edgar Allan Poe.

Aunque veremos a lo largo de este trabajo que hay autores contemporáneos de Poe, incluso anteriores que publicaron novelas de tipo criminal y de crítica social, en Gran Bretaña con Charles Dickens, pero sobre todo en Francia con, Balzac, Dumas padre y Sue, entre otros, el título que marca el nacimiento de la llamada novela detectivesca es, Los crímenes de la calle Morgue, ya que en ella se van a definir los rasgos propios y las claves de este nuevo género.

La primera de todas es el problema, un misterio irresoluble, casi siempre un crimen,  aparentemente perfecto, muchas veces en una habitación cerrada aunque puede haber distintas variantes. La segunda es la aparición de un sospechoso o varios, falsamente acusados.

La tercera es la presencia de un cuerpo policial incompetente para hallar la solución al problema. La cuarta es la presencia de un narrador coprotagonista, amigo del detective, a quien ayuda en sus labores de investigación. Y la quinta es la presencia de un detective que a través de sus poderes de observación y de su razonamiento va a resolver de un modo racional el problema. El juego intelectual va a estar por encima de cualquier otra consideración. Predomina la razón frente a la acción.

Estas claves forman la fórmula básica del nuevo género que se llamará a partir de ahora novela detectivesca, novela problema o novela enigma, que posteriormente llamaremos genéricamente novela policial.

La novela detectivesca tuvo sus seguidores en Estados Unidos, no muchos. Estamos en la primera mitad del siglo XIX y la Literatura por esos lares era todavía muy incipiente y los hábitos de lectura también. Por estas causas la obra de Poe recaló enseguida en Europa. En Francia fue traducida por Beaudelaire, pero estaba más interesado por su poesía y relatos góticos que por los relatos detectivescos, su intención era ficharlo como poeta maldito.

 Fueron los autores británicos los que tomaron el modelo, lo hicieron suyo, y desde entonces la novela detectivesca comenzó a expandirse por todo el mundo de la mano de Conan Doyle, Chesterton, Agatha Christie, y la mayoría de los autores británicos del siglo XIX y principios del siglo XX. Tomaron el modelo hasta el punto de aplicar normas más rígidas que quedaron concretadas tras la fundación del London Detection Club, en 1930, por un grupo de escritores con la finalidad de acabar con las diferentes teorías de lo que debería ser el juego limpio en este género.

A este grupo pertenecieron, Chesterton, Agatha Christie, Leigh Sayers, Arthur Morrison, Ronald Knox, que fue quien propuso “las cinco reglas de oro de este Club”: La solución de los misterios o enigmas debe ser necesaria para resolver el conflicto central. El detective debe usar su ingenio y su habilidad para resolver el enigma en un contexto concordante con la historia. La solución del problema debe ser sólo encubierta por el escritor. Circunstancias improbables o inusuales, super-criminales, venenos desconocidos, entradas o pasadizos secretos, coincidencias y casualidades afortunadas no deben ser usadas en la novela policial clásica. Finalmente, la justicia debe ir de la mano del detective y debe aplicarse al final de la historia sobre el verdadero criminal.

Pero la influencia de Allan Poe no se quedó solo en Europa, en el mundo hispano fueron Borges y sobre todo Adolfo Bioy Casares, traductor de su obra y gran estudioso de ella, los que acercaron al autor al lector español y latinoamericano.

Y esta influencia incluso recaló en Japón de la mano de Hirai Taro, que usó el seudónimo de Edogawa Ranpo, pronunciación a la japonesa de Edgar Allan Poe, al que admiraba e idolatraba profundamente.

Ahora vamos a ver cómo nace y en qué consiste el otro modelo genérico al que van a llamar hard-boiled.

Seguimos en Estados Unidos, en la década de los años 20 del siglo XX y los tiempos seguían cambiando. La sociedad americana trataba de asimilar el desgaste y los horrores de una guerra pasada, las ciudades crecían hasta devorar a sus propios habitantes. La crisis económica y el paro se convirtieron en tragedia y caos con el Crack del 29. Las mafias y los gánsteres se movían a sus anchas en un terreno abonado por la corrupción institucional y policial y alguien tenía que salir a la palestra y contar todo este caos.

Las propuestas y fórmulas de la novela detectivesca se estaban agotando, iban caducando poco a poco y más frente a este nuevo marco social, hacían falta nuevas propuestas, nuevas fórmulas para contarlo, y fue un grupo de autores en torno a uno de los nuevos medios de publicación las revistas pulp, los que cogieron las riendas de este reto y fue Raymond Chandler, en su ensayo “El simple arte de matar”,  el que tiró la primera piedra: “Los escritores ingleses son los mejores escritores aburridos del mundo”, y la segunda directamente a la línea de flotación del London Detection Club: “sus asesinatos perfumados, sus solteronas metomentodo, viejos aristócratas asesinándose unos a otros con métodos eminentemente civilizados y groseramente improbables, y estúpidos policías a los que les lleva 300 páginas resolver un caso que la policía de Los Ángeles hubiera finiquitado en media hora”

La confrontación y la ruptura ya se habían originado, ahora hacían falta las nuevas propuestas y cita a Hammett como paradigma de las nuevas fórmulas: “Hammett devolvió el crimen a la clase de gente que suele cometerlo por razones reales y no sólo para proporcionarle al escritor un cadáver, además, lo cometen con los medios disponibles al alcance de la mano: nada de pistolas de duelo, curare o peces tropicales”. Justamente Hammett incorporaba a sus historias el elemento del que, en general, carecían las novelas británicas: la realidad. Por supuesto, sus novelas violan todos los códigos de género prohibidos por el London Detection Club. Hammett sabía mejor que nadie que todo aquello que los escritores británicos intentaban evitar como clichés, en verdad formaba parte de la realidad del auténtico crimen

Ahora hacía falta el sustrato en donde desarrollar las nuevas propuestas, y fue en la revista pulp Black Mask, que comienza a publicarse en Abril de 1920. El pistoletazo de salida se da el 15 de Mayo de 1923 con el relato Three-Gun Terry, de Carrol John Daly en el que presenta al primer detective duro del género, Terry Mack. Posteriormente pasaron por la revista Erle Stanley Gadner, Hammett, Chandler y toda la pléyade de autores que dieron lugar al nacimiento del género y que veremos detalladamente en el capítulo 3.

Pero antes de comentar las características que van a definir este nuevo género hay que tener muy clara su auténtica denominación de origen que no tiene nada que ver con el “negra” que indica su revista de publicación, Black Mask (Máscara Negra). La denominación que acompañaba las descripciones editoriales para la promoción de estos relatos era hard-boiled, que puede venir de la expresión inglesa hardboiled egg, que se refiere a un huevo cocido y duro, comparándolo con el carácter duro del nuevo género y de los nuevos protagonistas. Posteriormente ya veremos cómo va derivar a lo que actualmente se llama novela negra.

Las características que van a definir esta novela hardboiled están constituidas por unas tramas realistas, dinámicas y violentas. El crimen deja de ser algo aristocrático y se convierte en algo brutal y cometido por delincuentes sin escrúpulos, y vuelve a las calles, se humaniza.

El detective es el personaje principal del género, aunque también puede ser un policía.

Ahora, el detective es un personaje falible, que se ve afectado por el enemigo, que está bajo presiones sociales y que revelará no sólo las verdades circunstanciales, sino también las humanas. El detective duro (hard-boiled) sale a las calles, ya no se queda en su casa, no hay tiempo para la deducción y el análisis, tiene que salir a buscar algo que muchas veces no sabe qué es. Además, este detective es un profesional (tiene su propia oficina) y gana dinero con ello. Tiene sus propios métodos: soborno, amenazas... Y su propio código moral. Actúa como justiciero. Es un tipo solitario, duro, desencantado de la vida, moralmente inflexible: el retrato de un perdedor. Es un triunfador profesional pero perdedor como individuo.

El espacio en donde se desarrollan las tramas de las novelas es el entorno urbano.

La atmósfera que se respira y que es fundamental para la novela hardboiled, es una atmósfera de tipo delictivo, donde el delito, la infracción, la amenaza y el asesinato son denominador común. Se abandonan los escenarios aristocráticos y sofisticados para adentrarse en la jungla de asfalto, es decir, la gran ciudad. La ciudad adquiere en la novela un gran valor porque en ese espacio urbano es donde tiene lugar el crimen.

El lenguaje que se utiliza es un lenguaje de estilo realista. La novela hardboiled introduce una novedad literaria respecto a la novela policial clásica y es la entrada de un lenguaje nuevo, duro y violento, el lenguaje de la calle. Busca ese lenguaje callejero, cortante, coloquial o del hampa.

Además, deben utilizar también la jerga adecuada. La prosa es una prosa cargada de verbos de movimiento. Y las descripciones son eminentemente visuales, muy breves.

El narrador de esta novela, casi siempre, suele aparecer en primera persona, de esta forma se trata de dotar de mayor realismo a la obra. Este narrador coincide normalmente con el protagonista.

Y por último la crítica social, característica fundamental de la novela negra y diferenciadora con otros géneros, incluso dentro del mismo género autentifica la verdadera novela negra de otras mediocridades. Novela social por excelencia ya que sus autores narran y describen la realidad de la sociedad en la que viven.

Constituido ya el nuevo género hardboiled, sus autores estrella, sobre todo Hammett y Chandler van a ejercer una influencia total en el futuro de la novela negra. De nuevo cruzan el Atlántico, pero esta vez no se detienen en Gran Bretaña, es lógico, los británicos no son tontos y en principio no van a aceptar un género que va en contra de sus propios principios, de sus propios cánones, pasa de refilón y recala en Francia.

Estamos en París en 1945, una de las editoriales independientes francesa de mayor prestigio, Ediciones Gallimard, creada en 1911, con la idea de dar un mayor dinamismo editorial a la empresa tras los avatares de la guerra, crea una nueva serie editorial: La Sèrie Noire. Dirigida por Marcel Duhamel, tenía un formato de portada en la que destacaba el color negro con un ribete amarillo.

Los dos primeros títulos de la colección no fueron demasiado afortunados pero el tercero publicado “Una mortaja no tiene bolsillos” de Horace McCoy, ya fue un éxito, y desde entonces comenzaron a publicarse los autores emblemáticos del hard-boiled  americano como Hammet, Chandler, Cain, Brown, etc. Y se puede decir que desde entonces, hasta la actualidad, pasando por todos los autores franceses del polar y del neo polar,  no hay autor internacional importante del género negro que no haya publicado en la Sèrie Noire francesa.

Para conmemorar el nº 1000 de la colección se publicó “1280 almas” de Jim Thompson.

Parece ser, según algunos autores, que el adjetivo francés, noire, de la Sèrie, sea el que prestan los franceses para denominar al género negro de una forma definitiva, como también lo hicieron con el cine negro, film noir. Yo no lo tengo nada claro, incluso los mismos franceses llaman al género “polar”, palabra que puede derivar del término “policier”. Lo único que puedo tener claro son los conceptos de la novela detectivesca creada por Allan Poe, y la novela hard-boiled creada en Black Mask por Hammett, Chandler y compañía, que tienen unas características determinadas como ya hemos visto. El resto de términos me parecen tan difusos y poco limitados que se enmarañan unos con otros, y no son pocos: policial, novela policíaca, de misterio, de intriga, de suspense, intriga judicial, intriga psicológica, de espionaje, thriller, histórica y todos los que hagan falta.

Y ahora hagamos un pequeño inciso para poner una carga de profundidad intelectual a lo dicho hasta ahora.

Ensayos, libros, tesis y todo tipo de trabajos  sobre novela negra se han escrito a cientos, por autores conocidos y no tanto. No voy a citarlos, no es momento, tan solo al que me ha parecido más convincente y más cercano a mis propios criterios. Se trata de Tvetan Todorov (1939), lingüista de origen búlgaro y teórico literario de expresión y nacionalidad francesa. Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el 2008. En su Tipología de la novela policial nos dice:

“La reflexión literaria de la época clásica, que se insertaba más en los géneros que en las obras, manifestaba una tendencia penalizante: la obra era juzgada negativamente si no obedecía de manera cuidadosa a las reglas del género. Esta crítica buscaba, pues, no solamente describir los géneros, sino también prescribirlos: la barrera de los géneros precedía la creación literaria, en lugar de sucederla.  La gran obra crea, en cierta medida, un nuevo género y, al mismo tiempo, transgrede las reglas hasta entonces vigentes de otro. Podríamos decir que todo gran libro determina la existencia de dos géneros, la realidad de dos normas: la del género que transgrede, dominante en la literatura precedente, y la del que crea.

Hay un feliz dominio en el que esta contradicción no existe: el de la literatura de masas. La obra maestra literaria habitual no entra en ningún género que no sea el suyo propio, pero la obra de la literatura de masas es, justamente, el libro que mejor se inscribe en su género.   Tomemos como punto de partida  la "novela enigma". Esta novela no contiene una historia sino dos: la del crimen y la de la investigación. La primera cuenta lo que efectivamente ocurrió, y la segunda es la de la investigación. Se examina indicio tras indicio, pista tras pista y explica cómo el lector (o el narrador) toma conocimiento de los hechos. La primera ha concluido antes de que comience la segunda.  

La novela negra es una novela policial que fusiona las dos historias. Ya no se nos narra un crimen anterior al momento del relato: el relato coincide con la acción.  La prospección sustituye a la retrospección.  La situación se revierte en la novela negra: todo es posible y el detective arriesga su salud si acaso no su vida.

Es alrededor de ciertas constantes que se constituye la novela negra: la violencia, el crimen sórdido con frecuencia, la amoralidad de los personajes. Obligatoriamente, además, la "segunda historia", la que se desenvuelve en el presente, alcanza aquí un lugar central, pero la supresión de la primera no es un rasgo obligatorio. Los primeros autores de Serie Negra, Dashiell Hammett y Raymond Chandler, conservan el misterio, lo importante es que el misterio tendrá aquí una función secundaria, subordinada y no central como en la novela enigma.   Algunos rasgos de estilo de la novela negra le pertenecen con exclusividad. Las descripciones están hechas sin énfasis, fríamente,  puede decirse que "con cinismo". Las comparaciones connotan cierta rudeza.  

No es sorprendente que entre estas dos formas tan diferentes haya podido surgir una tercera que combina sus propiedades: la novela de suspenso. De la novela enigma conserva el misterio y las dos historias, la del pasado y la del presente, pero rechaza reducir la segunda a un simple descubrimiento de la verdad. Como en la novela negra, es la segunda historia la que ocupa el lugar central. El lector está interesado no sólo por lo que ha ocurrido sino también por lo que va a ocurrir más adelante. Los dos tipos de interés se encuentran, pues, reunidos aquí: la curiosidad de saber cómo se explican los acontecimientos ya pasados, y el suspenso, también: ¿qué va a ocurrirles a los personajes principales? Recordemos que en la novela enigma estos personajes gozaban de inmunidad, aquí ellos arriesgan su vida sin cesar."

Para mí, los términos de género negro y novela negra, desde un punto de vista práctico, puede ser un cajón de sastre que abarque a la mayoría de denominaciones, aunque algunos puedan tener sus características propias, como ya veremos. Y también, no nos olvidemos, que tanto novela negra como género negro, pueden ser y son, términos asumidos por las editoriales para lanzar sus publicaciones sin mayores paliativos ni controversias, en este momento en el que la novela negra es un auténtico boom editorial y ellas, las editoriales,  son las que han tenido siempre la sartén por el mango.

Una prueba de ello es la adaptación que están teniendo las principales editoriales con la creación de nuevas colecciones dedicadas al género negro. Y por citar algunas:

RBA con su Serie Negra, lleva publicados cerca de 300 títulos, y entre ellos, autores actuales y clásicos del género.

Akal con su colección básica de bolsillo, Serie Novela Negra, ha publicado entre otros a Scerbanenco y Chester Himes.

La recién nacida serie Alfaguara Negra. Publica a Benjamin Black y nuevos valores nórdicos y españoles entre otros.

La editorial Destino tiene una especial dedicación a la novela negra en su colección Crimen y Misterio con sus autores estrella como Donna Leon, Lars Kepler, Lorenzo Silva y Dolores Redondo entre otros.

La editorial Siruela no renuncia al apellido Policíaca en su colección, con autores estrella como Fred Vargas y Batya Gur.

Mondadori añade un calificativo más a su colección, Roja y Negra con autores como Anne Holt y Don Winslow.

Roca Editorial sigue apostando por los nombres clásicos en sus colecciones: Thriller y Suspense, y Criminal.

La editorial Tusquets publica lo más granado del policíaco en su colección Andanzas, Mankell, Markaris, Grafton y Padura son los autores estrella.

Y por último Maeva Ediciones tiene especial atención a los autores nórdicos en su colección Mistery plus, Camilla Lackberg entre otros.

Y hay más, por supuesto, pero esta muestra nos sirve para aclarar un poco más el tirón que está teniendo en estos momentos la novela negra.

A lo largo de este Estudio voy a emplear indiscriminadamente los términos novela policial y novela negra, juntos o separados. Son los más empleados, los que más me gustan y los que mejor se pueden adaptar a la esencia del Estudio, pero teniendo siempre presente que lo importante no son los géneros sino las novelas, y sobre todo leerlas.


Otras  denominaciones.

Otros subgéneros.


EL THRILLER.

Podemos seguir considerando algunos términos con los que son calificadas algunas novelas, sobre todo en la novela negra más actual. Estamos en la últimas décadas del siglo XX y en el nacimiento del XXI, el mundo está globalizado y el crimen también, las mafias renacen de los rescoldos criminales de muchos países, ya no hay habitaciones cerradas ni detectives románticos y solitarios, ahora son asesinos en serie y policía especializada con las nuevas técnicas de investigación y los avances informáticos, que sirven a unos y a otros, a los buenos y a los malos, a los protagonistas ya no les duele el estómago, les duele el alma.

Las novelas son estremecedoras con un ritmo agotador que crea una tensión que no da tregua al lector y son largas, muy largas, lo que cuentan no basta con las 350 o 400 páginas clásicas, hacen falta más. Y con esto entramos en el terreno del thriller, término que también se emplea en cine y que deriva del verbo inglés thrill que significa asustar, estremecer, emocionar.

El thriller tampoco es un término actual ya que históricamente, fue al británico Edgar Wallace, a quién se le concede la etiqueta de crear el género "thriller" con su novela Los Cuatro Hombres Justos (1905), y ha pasado tiempo y puede que en actualidad el thriller llegara a su máxima expresión con la Trilogía Millenium de Larsson, por lo menos en cuanto a ventas e influencia.

De todas maneras me he dado cuenta que thriller es el término al que mejor le sientan los apellidos para definir una novela, thriller judicial, thriller histórico, psicológico, etc. Y no viene mal para saber qué vamos a leer, pero de todas las maneras me sigo quedando con el cajón de sastre de género negro y novela negra.


NOVELA HISTÓRICA.

Otro término que me gustaría aclarar es el de novela histórica, otro de los géneros narrativos que han estado siempre en vanguardia de las preferencias de los lectores y en estos momentos, según los estudios, superada por la novela negra. La novela histórica como género narrativo que tuvo su origen a principio del siglo XIX de la mano de Walter Scott y que continua hasta nuestros días, se me escapa de las manos, y no es motivo de este estudio. Me quiero referir a la novela negra o policial que basa sus tramas en un periodo determinado de la historia, y puede servir de ejemplo la novela El nombre de la rosa de Umberto Eco. Hay una serie de asesinatos, hay una investigación y una solución del caso, dentro de un ambiente medieval y religioso.

La serie de Didio Falco, de la británica Lindsey Davis, está ambientada en Roma del siglo I y aúna novela detectivesca e histórica.

El perfume del alemán Patrick Suskind, narra la historia de un asesino múltiple en la Francia del siglo XVIII. Y muchas más que responden al thriller de carácter histórico, religioso, aventurero y cultural, al que se pueden sumar El Código Da Vinci de Dan Brown y sus secuelas propias y ajenas y también La sombra del viento de Ruiz Zafón y también con sus secuelas propias y ajenas y ya tenemos el lío montado.

Llegados aquí, y salvando todas las diferencias de calidad, género y oportunidad, hay algo que les une, son best-seller, los libros más vendidos, por lo tanto bendito lío para las editoriales y para las librerías que van salvando sus presupuestos con estas novelas y aún así cada vez desaparecen más, y bendito lío para los lectores, porque por lo menos leen y eso está bien, pero les pediría que de vez en cuando se alejaran un poco de los estantes de más vendidos y se fijaran en otros nombres, seguro que por ahí estarán Francisco González Ledesma, Jean-Claude Izzo, Sciascia, y la pareja Maj Sjowall y Per Wahloo. Y siempre estarán Hammett, Chandler, Goodis y Elmore Leonard, seguro que no os defraudarán.


NOVELA POLICIAL ÉTNICA.

Esta historia de los conceptos no se acaba aquí, existen un par de términos que me gustaría exponer, el primero de ellos lo descubrí en  las lecturas de la novela policial durante este tiempo y me gustó mucho por su originalidad y calidad de las novelas y autores, es una corriente narrativa dentro de la novela policial que los críticos franceses llaman Novela Policial Étnica, que nos adentra dentro del mundo de las etnias, razas y culturas primitivas en diversas partes del mundo.

El iniciador de esta corriente narrativa es el escritor australiano de origen inglés Arthur Upfield, 1890-1964, que creó a un personaje curioso llamado Napoleón Bonaparte, Bony, inspector de la policía de Brisbane, de origen mestizo. En los cerca de los 30 títulos de la serie, el autor descubre, a través de su personaje, el alma de los aborígenes, su cultura, sus valores y sus conflictos.

El siguiente autor de esta corriente policial es el norteamericano Tony Hillerman, 1925-2008. Considerado el Gran Maestro de la Novela Policial Étnica, centra sus tramas en los desiertos de Arizona y Nuevo México con dos peculiares personajes, el teniente Joe Leaphorn y el agente Jim Chee, descendientes de indios navajos, forman parte de la Policía Tribal. Están integrados completamente en la comunidad, conocen sus costumbres, cultura, religión, magia (Jim Chee es una especie de estudiante o aspirante a chamán), el terreno en el que se mueven, en donde las distancias entre lugares habitados es muy grande, tienen paciencia, saben escuchar, observan...
Este autor, buen conocedor de la historia y costumbres de los pueblos indígenas de Norteamérica ha dedicado su obra literaria a relatar el pasado, presente y ¿futuro? del pueblo navajo y, tangencialmente, el hopi y zuni. Es solidario con estas culturas agonizantes que se encuentran en lucha contra la globalización que padecemos, y nos habla, con simpatía, de las tradiciones indias. Tradiciones que engarza con la novela policíaca, aprovechando en un ambiente rural la magia, las lecturas de huellas, el acecho, la paciencia y la simbiosis con la naturaleza.
El sudafricano James McClure, que con su pareja interracial de protagonistas, formada por el teniente Kramer y su colega zulú,  el sargento Zondi, ha explorado el mundo criminal de su país, en obras publicadas en los peores tiempos del apartheid, y donde, como en otros autores compatriotas suyos, se puede tener atisbos de esta terrible aberración del siglo pasado.

Otro autor interesante es el británico H.R.F. Keating, uno de los más distinguidos críticos literarios ingleses del género policial, quien ha dado vida al detective inspector Gothe de la policía de Bombay, India, hombre que compensa torpeza e ingenuidad con intuición y suerte, a través de una saga divertida e ingeniosa que nos da una visión de esta sociedad tan ajena a nosotros.

Finalmente, no quisiera dejar de mencionar a un curioso autor del género, el bostoniano Harry Kemelman, el creador del rabino Small, un investigador espontáneo de trasgresiones a la ley y crímenes que tiene por sujeto a la comunidad judía, donde se inmiscuye, Talmud en mano, resolviendo casos tanto en su pueblo como ocasionalmente en Israel.

NOVELA DE ESPIONAJE.

Y por último quiero poner unas notas sobre el género de espionaje, las novelas de espías que siempre han sido favoritas del gran público.

No sé si alguien ha leído alguna vez una novela de Ian Fleming, me imagino que sí, pero estoy seguro que casi todos hemos visto las películas de Bond, James Bond.

Aunque hay novelas más tempranas, el concepto actual de novela de espionaje surge en los albores de la Primera Guerra Mundial, cuando nacen los primeros servicios de inteligencia, se incrementa en la  Segunda Guerra y llega a su cénit en la llamada Guerra Fría. Y durante este tiempo Gran Bretaña y los autores británicos han dominado este género. Las causas pueden ser lógicas, en primer lugar el acercamiento británico a los focos de las contiendas mundiales, es uno de los bandos protagonistas y el hueso que los contrarios quieren roer en su aislamiento insular. Tienen que protegerse en la distancia, adelantarse a los acontecimientos y los servicios secretos tienen que funcionar a la perfección.

Desde el punto de vista literario, la novela de espionaje británica puede haber servido para contrarrestar la influencia de la novela hard-boiled, que los británicos siempre han rechazado. Bastaba con cambiar el nombre de detective por el de espía o agente secreto, y sacar las tramas fuera de las urbes y qué sitio mejor en esos momentos que los ambientes bélicos, prebélicos o posbélicos, da igual, la novela de espionaje estaba servida, y la nómina de autores poderosa, como ya veremos.


La novela negra en el

mundo de la Literatura.

En abril de 1841, Allan Poe, Estados Unidos, publica Los crímenes de la calle Morgue. Año 2014, Qiu Xialong, China, publica, El enigma de China. Han pasado 173 años entre la primera novela y la última, pocos en el mundo de la Literatura Universal y pocos también en el mundo del género negro y policial, pero suficientes para tener su propia identidad y su propia historia.

Se puede decir que en las últimas décadas del siglo XX y en este siglo XXI, la novela negra está viviendo los mejores momentos de su historia. El salto de calidad y cantidad está despertando el interés de multitud de lectores que desplazan sus lecturas hacia este género y no solo a los nuevos autores, ya que las editoriales, aprovechando este boom, van desempolvando a las viejas glorias del género que también tienen su lugar de honor en las estanterías de las librerías.

Pero hasta llegar a esta situación, la historia de la novela negra y policial en estos 173 años no ha sido precisamente un camino de rosas. Sabemos que desde el principio tanto autores como críticos estaban de acuerdo en considerar  y calificar al género policial como “literatura barata” o “subliteratura”, basándose en que el crimen era de por sí un tema antiestético y no había trasfondo moral ni artístico. Posteriormente se suavizó esa calificación, y de una forma más subliminal se le llamó “literatura popular o de masas”. Y en la actualidad casi todo el mundo escribe novela negra y casi todo el mundo lee novela negra, algo ha pasado. Y lo que ha pasado no es otra cosa que los propios cambios y transformaciones que ha vivido la sociedad en general durante esos años y la propia Literatura en particular.

Hemos podido apreciar de una forma incipiente los cambios producidos en la sociedad debidos a la Revolución Industrial. Como consecuencia y a través de los años ha habido una mejora del nivel de vida que se puede traducir, entre otras cosas, en tiempo libre y alfabetización. Por lo tanto más gente que sabe leer y más tiempo para hacerlo.

La respuesta literaria es inmediata, apoyada por los adelantos técnicos en los medios de producción, con mejores máquinas impresoras y mayores tiradas. Estamos en pleno siglo XIX, y la literatura que hasta ahora había sido didáctica se convierte en literatura de entretenimiento, de ocio. Los primeros en reaccionar fueron los periódicos, se expanden por toda Europa y aumentan su tirada con la aparición de la prensa amarilla, que incluye en sus páginas folletines y relatos para entretenimiento del gran público. Y en este contexto es donde va a nacer la novela policial.

Ya hemos dicho que al principio este género no fue muy bien visto y fue calificado de subliteratura. Pero no tiene mayor importancia, es el canon que hay que pagar por la incomprensión de unos críticos, autores y parte de una sociedad puritana y conservadora, aferrada a sus normas clásicas, que no ven más allá de sus propios intereses. Y siempre ha sido así y en todas las manifestaciones artísticas que han propuesto nuevas fórmulas, nuevas ideas. En el mismo siglo XIX, y en el mundo de la Pintura, el Impresionismo, fue bautizado así por la crítica de una forma irónica y con escepticismo respecto al cuadro de Monet, Impresión: sol naciente. Casi todos los impresionistas fueron ignorados en su tiempo y vivieron en la pobreza. Y si hablamos de la música popular actual y hubiéramos hecho caso de las críticas, los Beatles no existirían, y así con todo.

En cualquier caso no creo que a los autores de novela policial les hayan afectado las críticas iniciales, por lo menos a los británicos y franceses. Grandes literatos como Dickens y Dumas han pasado por el policial y no creo que hayan tenido demasiados escrúpulos. Otros intelectuales también lo han hecho, y aunque han utilizado seudónimos, no se han cortado en explicar sus verdaderas sensaciones. Son los casos de Innes y Black.

Michael Innes. Edimburgo. 1906-1994. El por qué un intelectual, un profesor universitario, se dedica a esta afición de escribir novelas policíacas, Innes responde en uno de sus libros: “Un impulso espiritual. Un esfuerzo por compensar con unas pocas horas de distracción muchas horas de aburrimiento”.

Benjamin Black (John Banville).  Irlanda. 1945. "El arte es una cosa extraña. Bajo el sombrero de Banville puedo escribir 200 palabras al día. Un día decidí que podía convertirme en otro y bajo ese segundo sombrero, en esa segunda piel, puedo irme a comer tras haber escrito un millar de palabras, tal vez 2.000, y disfrutar con ello. Es increíble descubrir cómo otro tipo puede vivir tu vida y usar tus manos y deleitarse con eso. Escribir es un trabajo peculiar... Escribir es como respirar. Lo hago por necesidad. Por mi propia boca, y ahora también por la de Black".

En el resto de Europa y del mundo, el paso de la novela negra y policial a través de la Literatura de los países ha sido distinto, porque distintas han sido sus realidades sociales y políticas. Lo iremos viendo a lo largo de cada capítulo, aunque se pueden adelantar algunos conceptos.

El primero de todos es que las dictaduras de cualquier signo, como es lógico, no favorecen en nada el desarrollo literario y menos el de la novela negra, (que por principio, tiene que ser crítica con su entorno), siempre y cuando pasen por la criba de la censura, pero eso va en contra de la creatividad y no es bueno. Ante esta situación solo cabe emigrar, el seudónimo con riesgos o el silencio.  Son situaciones que han vivido países como la URSS, España, Grecia, Italia, China y otros. Pero siempre ha habido producción literaria y novela negra y policial.

Las guerras lo destruyen todo, incluidas las manifestaciones  artísticas y literarias. Dos Guerras Mundiales en la vieja Europa en la primera mitad del siglo XX, acabaron con todo, pero de los escombros salieron con nuevos bríos nuevas inquietudes y nuevas novelas.

En África ni tan siquiera existía la literatura escrita, era de tradición oral, y es después de la descolonización cuando emerge, tanto en su vertiente clásica como en la policial.

En Asia chocamos con países de regímenes herméticos y complicados idiomas para traducir. En cualquier caso hay una novela negra actual aunque producida en su mayor parte en países de emigración de los autores. Salvo en Japón que siempre ha tenido una situación literaria más o menos estable.

En Australia y Nueva Zelanda,  de total influencia británica y de gran estabilidad social, no han tenido grandes problemas para desarrollar novela negra y policial. No ha ocurrido lo mismo con la literatura no genérica que nos ha llegado en castellano con cuentagotas.

En Latinoamérica las cosas son de otra manera. Hay una serie de connotaciones especiales que merecen la pena ser tratadas con especial interés.

En primer lugar, lo que más me ha llamado la atención es el gran bagaje cultural y literario de los escritores latinoamericanos del género policial. Auténticos intelectuales. Se podría decir que la mayoría de ellos han cultivado y cultivan todo tipo de géneros, poesía, historia, ensayos, teatro, cuentos... Algunos se adentran en el terreno del cine como guionistas o en del comic. Otros en el de las traducciones. Muchos en el terreno del Periodismo en sus múltiples facetas, incluida la editorial. Otros traspasan el terreno literario y son diplomáticos o llegan a capas altas de la política.

Claro que todos tienen un buen espejo en donde mirarse. La literatura latinoamericana ha dado nombres claves que han recibido los máximos galardones y han sido un buen ejemplo a seguir. De hecho algunos de ellos han sido también importantes en el terreno policial como Borges y su amigo Bioy Casares, que no ocultaban su pasión por este género.

Pero ¿en qué lugar de aprecio se encuentra el género policial en los escritores latinoamericanos?, eso ya se me escapa. Puede ser que algunos lo traten como un género más de todos los que cultivan para expresar su creatividad. Puede ser que algunos lo traten como la fórmula para acercase al terreno de la crítica social. O también puede ser la verdadera pasión de estos escritores que todavía no tienen claro, o sí, la auténtica situación del género negro y policial en el mundo de la literatura y lo enmarañan entre otros terrenos o con el empleo de seudónimos. Y casos hay, seguro. Problemas de encasillamiento en un género puede ser el diagnóstico.

El caso es que hay muchos escritores latinoamericanos de novela negra y policial y muy buenos, algunos con notables y amplias series de personajes. Pero no son tantos los que se hayan dedicado específicamente al género negro y policial y no son tantos los que han traspasado fronteras internacionales.  Pero están en ello.

Y ahora que alguien me explique, por qué la novela fundacional del policial en lengua castellana, La huella del crimen, del argentino Raúl Waleis, publicada por primera vez en 1877, ha permanecido oculta más de cien años. Eso en Francia, posiblemente, no hubiera pasado.


Los precursores y pioneros

de la novela policial.

Antes de entrar de lleno en la maraña de autores y títulos de los que, entre otras cosas, está compuesto este trabajo, quiero destacar en este primer capítulo a los precursores de la novela policial en algunos países, sobre todo en Francia y Gran Bretaña, entendiendo como precursores a una serie de autores que escribieron obra policial, adelantándose en el tiempo al núcleo inicial de autores que gestaron el género, y veremos también a otra serie de autores que escribieron obra de otros géneros que fueron de indudable influencia para el nacimiento de la novela policial.

También conoceremos a los iniciadores de la novela negra y policial en todos los rincones del mundo y aunque luego los veamos más detenidamente en cada capítulo, quiero destacarlos aquí, de forma cronológica, para conocer cómo ha evolucionado en el tiempo, en sus inicios, la novela policial en el mundo.

Creo que hemos dejado claro en los apartados anteriores, el cuándo, el dónde y el por qué del nacimiento del género negro y policial, y quienes fueron sus protagonistas, tanto en el siglo XIX como en el XX.

Ahora entramos de lleno a conocer en un orden cronológico a los precursores de este género y posteriormente a los principales iniciadores del género en los distintos países del mundo, recordando una vez más y todas las que hagan falta, que se tratan de autores con obra traducida al español y que se puedan encontrar en los circuitos tradicionales de adquisición de libros.


1747.

Francia. Zadig o el destino y otros cuentos orientales. Voltaire. 1694-1778. Aparece por primera vez el método deductivo, de tal manera que puede que Allan Poe se inspirara en este personaje para crear a Auguste Dupin.


1750.

R.U. Tom Jones, de Henry Fielding. 1707-1754. Creador de la tradición novelística inglesa. Fundador del primer cuerpo de policía profesional, los Brow Street Runners, germen de la actual Scotland Yard. Amelia, la obra, pionera en la narración social.


1764.

R.U. El castillo de Otranto, de Horace Walpole. 1717-1797. Marca el comienzo del género gótico en la Literatura.


1774.

R.U. Caleb Williams o Las cosas como son, de  William Godwin. 1756-1836. Clasificada en su momento como gótica y también de primera novela de suspense o misterio.


1794.

R. U.  Los misterios de Udolfo, de Ann Radcliffe. 1764-1823. La importancia de esta autora estriba en la influencia que ha tenido en notables autores posteriores como, Dickens, Wilkie Collins, Daphne du Maurier, Allan Poe y Pau Feval, padre, entre otros.


1818.

R.U. Frankenstein, de Mary Shelley. 1797-1851. Siembra la semilla de lo que posteriormente se llamará ciencia ficción


1821.

R.U. Confesiones de un inglés comedor de opio, de  Thomas de Quincey. 1785-1859. De notable influencia en otros escritores, Allan Poe incluido.


1828.

Francia. Mis memorias, de Eugène François Vidocq. 1775-1857. Fuente de inspiración para autores como Balzac, Dumas, Sue, Feval y Ponson du Terrail.


1836.  

Francia. El Lobo Blanco, de Paul Feval. 1816-1887. Identidad secreta de un héroe albino,  se la considera precursora de El Zorro y todas las secuelas posteriores de héroes que recurren al cambio de identidad para hacer justicia.


1839.

Irlanda. Un capítulo en la historia de la familia Tyrone, de Joseph Sheridan Le Fanu. 1814-1873.

Le Fanu es el padre del cuento de fantasmas irlandés en la época victoriana.


1839-1941.

Francia. Crímenes célebres y El caso de la viuda Lafarge, de Alejandro Dumas padre. 1802-1850. Pionera de la novela policial francesa.


1841.

Francia. Un asunto tenebroso, de Honoré de Balzac. 1799-1850. Está considerada como la primera novela policíaca de la historia hecho que comparte con “Los Misterios de la calle Morgue” de su coetáneo Allan Poe.


1842.

Francia. Los Misterios de París de Eugène Sue. 1804-1857. Pionera de la novela policial francesa.

1852.

R.U. Casa desolada, de Dickens. Pionera de la novela policial británica.


1853.

España. El clavo, de Pedro Antonio de Alarcón. 1833-1891. Relato policíaco, quizá el primero de la literatura española, no se recuerda ninguno anterior, en la línea de las narraciones de Edgar Allan Poe, al que, sin duda Alarcón había leído.


1857.

Francia. Rocambole, de Pierre Alexis Ponson du Terrail. 1829-1871.  Pionera de la novela policial francesa.


1860.

R.U. La dama de blanco, de Wilkie Collins. 1824-1889. Pionera de la novela policial británica.


1867.

R.U. Calle sin salida, de Charles Dickens junto a Wilkie Collins. Se conocieron en 1851 y fue el comienzo de una relación amistosa  y una estrecha colaboración literaria, fruto de la cual es esta novela también pionera de la novela policial británica.


1868.

R.U. La piedra lunar, También de Wilkie Collins. Junto con La dama de blanco,  consideradas  obras maestras pioneras de la novela policial británica.


1870.

R.U. El misterio de Edwin Drood, de Charles Dickens. 1812-1870. Pionera del policial británico.


1877.

Argentina. La huella del crimen, de Raúl Waleis. 1845-1911. Primera novela policial escrita en castellano, en Argentina y Latinoamérica.


1880.

Alemania. Grete Minde, de Theodor Fontane. 1819-1898. Pionero de la novela policial alemana.


1903.

Grecia. La asesina, de Alexandros Papadiamantis. 1851-1911. Pionero de la novela policial griega.


1911.

España. La gota de sangre, de Emilia Pardo de Bazán. 1851-1921. Pionera de la novela policial española.


1917.

Canadá. Las aventuras de Jimmie Dale, de Frank Packard. 1877-1942. Pionero de la novela canadiense.


Los iniciadores de la

novela negra y policial.


1841.

E.E.U.U. Los crímenes de la calle Morgue, de Allan Poe. 1809-1949. Se trata del primer relato de detectives propiamente dicho de la historia de la literatura.


1863.

Francia. El caso Lerouge, de Emile Gaboriau. 1832-1873. Se le considera el iniciador de la novela policíaca francesa, el llamado polar. Es la primera novela verdaderamente larga del género, a diferencia de lo anteriormente publicado que no dejaban de ser relatos cortos


1872.

Irlanda. En un vidrio misterioso, Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu. 1814-1873.

Iniciador en Irlanda de la novela gótica de misterio y suspense


1878.

E.E.U.U. El caso Leavenworth, de Anna Katharine Green. 1846-1935. Considerada, con Poe, una de las creadoras de la novela de detectives.


1887.

R.U. Estudio en Escarlata, de Arthur Conan Doyle. 1859-1930. Nacimiento oficial de Sherlock Holmes.


1907.

Francia. El misterio del cuarto amarillo, de Gastón Leroux. 1868-1927. Es una de las primeras novelas de lo que se llama, habitación cerrada.


1911.

R.U. La inocencia del Padre Brown, La Cruz azul, de G.K. Chesterton. 1874-1936. Nacimiento oficial del Padre Brown.


1911.

Perú. El meñique de la suegra. Novela colectiva, primer policial peruano.


1916.

Japón. Hanshichi. Un detective en el Japón de los samuráis, de Okamoto Kidô. 1872-1939. Inicio de la novela negra japonesa.


1920.

R.U. El misterioso caso Styles,  de Agatha Christie. 1890-1976. Nacimiento oficial de Hercules Poirot.


1920.

E.E.U.U. Black Mask Magazine. Revista pulp en donde nació el hard-boiled, la novela negra. Dejó de publicarse en 1951


1923.

E.E.U.U. Three Gun Terry, de Carroll John Daly. Nace el 15 de Mayo, en la revista Black Mask el primer detective hard-boiled, Terry Mack. En junio del mismo año se cambia por Race Williams en, El falso Burton Combs.

1923.

E.E.U.U. Arson Plus, de Dashiell Hammett. 1894-1961. Nace en Black Mask el Agente de la Continental y Hammett define el género hard-boiled, rompiendo el modelo de la antigua novela detectivesca.


1923.

Japón. La moneda de cobre de don sen, de Edogawa Ranpo. 1894-1965. Está considerado como el padre de la literatura de misterio japonesa.

1929.

Australia. Las Arenas del Windee, de Arthur Upfield. 1890-1964. Nacimiento del detective mestizo Napoleón Bonaparte, Bony, inspector de la policía de Brisbane, y nacimiento de la Novela Policial Étnica.


1930.

R.U. Muerte en la vicaría, Agatha Christie. Nacimiento oficial de la Sta. Marple.


1930.

Francia. Pietr, el Letón, de Georges Simenon. 1903-1989. Nacimiento oficial del Comisario Maigret.

1931.

R.U. El almirante flotante. Primera novela publicada por el London Detection Club. Colectiva, escrita por 14 miembros del Club.

1934.

Suiza. El té de las tres viejas, de Friedrich Glauser. 1896-1938. Iniciador de la novela negra en Suiza y de la novela negra escrita en alemán. Nacimiento del inspector de policía Jacob Studer.


1934.

Nueva Zelanda. Un hombre yacía muerto, de Ngaio Marsh. 1895-1982. Primero de la serie del detective Roderick Alleyn.


1938.

E.E.U.U. El sueño eterno, de Raymond Chandler. 1888-1959. Nace en Black Mask el detective Philip Marlowe.


1942.

Argentina. Seis problemas para Isidro Parodi, de Honorio Bustos (seudónimo utilizado por

Jorge Luis Borges. 1899-1986, y Adolfo Bioy Casares. 1914-1999.)


1943.

Bélgica. Malpertuis, de Jean Ray. 1887-1964. Iniciador en Bélgica de la novela negra.


1944.

México. Ensayo de un crimen, de Rodolfo Usigli. 1905-1979. Se inaugura el género policíaco en México.


1945.

Francia. La Sèrie Noire. Publicada por la Editorial Gallimard y dirigida por Marcel Duhamel, ha sido y es un referente editorial de la novela negra.

1946.

Italia. El zafarrancho aquel de Vía Melurana, de Carlo Emilio Gadda.  1893-1973. Se inicia el giallo, la novela negra italiana.


1946.

México. Un muerto en la tumba y Tres novelas policiacas, de Rafael Bernal. 1915-1972.

Junto con Usigli inauguran el género en México.


1949.

Suecia. La muerte te espera, de María Lang. 1914-1991. Iniciadora de la novela negra nórdica.


1949.

Holanda. Tres cuentos chinos, de Robert van Gulik. 1910-1967. Nacimiento literario del personaje histórico y real: el joven Juez Jen Tsie Di (630-700). Iniciador  de la novela negra en Holanda.


1953.

España. El inocente, de Mario Lacruz.  1929-2000. Iniciadora de la novela negra española.


1956.

Italia. Las parroquias de Regalpetra, de Leonardo Sciascia. 1921-1989. Uno de los máximos referentes de la novela negra italiana.


1963.

Rusia. Petrovka 38, de Julian Semionov. 1931-1993. Iniciador de la novela negra en Rusia, antigua URSS.


1965.

Suecia. Roseanna,  de Maj Sjowall y Per Wahloo. 1935, 1926-1975. Primera novela de los considerados padres de la novela negra sueca y nacimiento del inspector Martin Beck.


1969.

Cuba. Enigma para un domingo, de Ignacio Cárdenas Acuña. 1924. Reconocido como el decano de la novela policíaca en Cuba.


1971.

Sudáfrica.  El cerdo de vapor, de James McClure. 1939-2006. Iniciador de la novela negra en Sudáfrica. Pertenece a la Novela Policial Étnica, y tiene como protagonistas al Teniente Kramer y el Sargento bantú Zondi.

1972.

España. Yo maté a Kennedy, de Manuel Vázquez Montalbán. 1939-2003. Nace uno de los detectives más emblemáticos de la novela negra mundial, Pepe Carvalho.


1972.

Francia. Nada, de Jean-Patrick Manchette. 1942-1995. Se inicia el neo-polar francés.

1973.

Brasil. El caso Morel, de Rubem Fonseca. 1925. Iniciador y máximo exponente de la novela negra brasileña.


1976.

México. Días de combate, de Paco Ignacio Taibo II. 1949. Inicio de la serie del detective Héctor Belascoarán Shayne. Es uno de los máximos representantes del género y fundador de la Semana Negra de Gijón.


1983.

España. Expediente Barcelona, de Francisco González Ledesma. 1927. Uno de los autores de novela negra con mayor prestigio, junto a Montalbán. Creador del singular inspector Méndez


1984.

Senegal. La vida en espiral, de Abasse  Ndione. 1946. Está considerado como el padre de la novela negra en África Occidental.


1991.

Cuba. Pasado perfecto, de Leonardo Padura. 1955. Máximo representante del policial cubano, inaugura la serie del detective Mario Conde.

1991.

Suecia. Asesinos sin rostro, de Henning Mankell. 1948. Primera novela publicada de la serie Wallander.


1994.

Italia. La forma del agua, de Andrea Camilleri. 1925. Primera novela de la serie protagonizada por el Comisario Montalbano.


1995.

Grecia. Noticias de la noche, de Petros Markaris. 1937. Primera novela del Comisario Jaritos.


1996.

Congo. Agence Black Bafoussa, de Achille F. Ngoye. 1944. Junto con el senegalés Abasse Ndione y el maliense Moussa Konaté, son los máximos representantes de la novela negra en el África negra.


1997.

Argel. Trilogía de Argel, Morituri, de Yasmina Khadra. 1955. Máximo representante de la novela negra francófona y nacimiento del comisario Brahim Llob.


1998.

Israel. El asesinato del sábado por la mañana, de Batya Gur. 1947-2005. Máxima representante de la novela negra israelí y nacimiento del superintendente Michael Ohayon.


2007.

Francia.  La feria del crimen. La nueva narrativa negra francesa. Novela colectiva de autores franceses entre 1980 y 2006, publicada por la editorial Lengua de Trapo, editada, traducida y prologada por José Luis Sánchez-Silva.


Ya conocemos a los fundadores e iniciadores de esta historia, ahora vamos a conocerlos a todos, comenzando por los Estados Unidos.


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