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Antecedentes históricos del género en España.


Los antecedentes históricos en España son escasos, sobre todo si los comparamos con los países pioneros del género, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia y que ya apunté en sus correspondientes capítulos. Se corresponden con dos ilustres autores del siglo XIX en el marco de la literatura española.

Pedro Antonio de Alarcón en el último cuarto del siglo XIX, influenciado por Poe, escribió una serie de relatos: “Narraciones Inverosímiles” de carácter sensiblero y policíaco en el que destaca “El clavo”.

Más tarde a principios del siglo XX, Emilia Pardo de Bazán, siempre interesada por los relatos de crímenes que publicaba la prensa, escribió un relato titulado “La gota de sangre”


PEDRO ANTONIO DE ALARCON. 1833-1891

Nació en Guadix en 1833 y murió en Valdemoro en 1891. Perteneció al movimiento realista.

De variada vida ideológica, pasó de las ideas revolucionarias a las tradicionalistas, estudió derecho en Granada, en Madrid fue consejero de Estado con Alfonso XII, embajador y académico de la lengua en 1877.

Entre su obra más destacada se encuentran los libros de viajes como La Alpujarra, Diario de un testigo de la guerra de África, y El sombrero de tres picos.

Está reconocido como un hábil narrador, crea un gran interés en sus historias de marcado carácter realista pero con personajes de tipo románticos.

Alarcón en los Cuentos amatorios,  se introduce en la novela policial con El clavo, La comendadora y otros relatos, publicados en prensa hacia 1853.

El clavo, es un relato policíaco, quizá el primero de la literatura española, no se recuerda ninguno anterior, en la línea de las narraciones de Edgar Allan Poe, al que, sin duda Alarcón había leído. Fue publicado en prensa hacia 1853. La trama se centra en el empecinamiento de un juez por resolver un crimen, cuya aclaración acarreará su desgracia, aunque entonces él no lo sabe. Está reeditada en la actualidad por Alianza Editorial.

Está en una antología “Asesinos” publicada por la editorial Adriana Hidalgo en Buenos Aires, 2008, junto a una pléyade de los mejores escritores del mundo, también está incluida Pardo de Bazán.


EMILIA PARDO DE BAZAN. 1851-1921.

Nació en La Coruña en 1851 y murió en Madrid en 1921, fue una novelista, ensayista y periodista, introdujo el Naturalismo en España.

La vida y obra de Emilia Pardo de Bazán es demasiado grande para hacerle una sinopsis que la encuadre en el tema que nos ocupa. Basta decir que su obra “Los Pazos de Ulloa” es una de las novelas cumbres del naturalismo y de la literatura española. Y constatar su relación afectiva de más de 20 años con Benito Pérez Galdós.

En 1905 había publicado el relato Misterio, y en 1911 La cana y La gota de sangre. En 1913, sale a la luz Belcebú, su última incursión en el género policíaco, si bien hace unos años se descubrió un manuscrito titulado Selva, que parece ser la continuación de La gota de sangre. Se trata de un manuscrito inédito e incompleto que contiene 168 cuartillas redactadas a mano y llenas de tachaduras y correcciones, lo que parece demostrar el escaso interés de la autora por concluir esta novela y la pérdida de entusiasmo en cuanto a la literatura policial en sus últimos años.

La gota de sangre, es una colección de relatos policíacos, en el que  demuestra su interés por el tema. Está publicada por Anaya en el 2001.

En 1909, dos años antes de escribir La gota de sangre, confesaba doña Emilia: “Cuando leo en la prensa el relato de un crimen, experimento deseos de verlo todo, los sitios, los muebles, suponiendo que averiguaría mucho y encontraría la pista del criminal verdadero”. Nuestra autora, que nunca concedió el subtítulo expreso de policíacos a ninguno de sus muchos cuentos, no solo los escribió, sino que, como Poe en El misterio de Marie Roget, aventuró sus conjeturas en el caso de otro crimen no resuelto.


Evolución del género durante la Dictadura.


Antes de la llegada de la Dictadura y en las primeras décadas del siglo XX, había un numeroso público interesado en este tipo de literatura y algunos autores que contribuyeron a rellenar este vacío y que hay que tener en cuenta, y son los siguientes: Joaquín Belda con ¿Quién disparó? (1914), Emilio Carrere, Un crimen inverosímil (1922) y La torre de los siete jorobados   (1924), E.C. Delmar, El secreto del contador de gas (1932), Piojos grises (1936) y La tórtola de la puñalada (1937); Wenceslao Fernández Flórez, Los trabajos del detective Ring (1934), Un muerto en el comedor, (1937) y La novela número trece (1941). Existe mucha obra de estos autores en librerías de viejo y digitales, situación muy oportuna para hacer bonitas excursiones literarias.

Para comprender la evolución del género en los difíciles años de la Dictadura nos tenemos que remontar en primer lugar a las primeras traducciones de los autores americanos y de las primeras publicaciones en los kioscos de relatos del género.

La novela negra de los autores norteamericanos aparece en España en los años cuarenta con dos novelas de Chandler, y la serie del detective Donald Lam de Stanley Gardner, fueron publicadas por la editorial Molino en su Biblioteca Oro. A principios de los 50 Gabriel Ferraté traduce para Planeta  una colección de relatos de D. Hammett. Y durante los años 57 y 58 la obra prácticamente completa de este autor aparece en la colección El Búho de Plaza.

En lo que respecta a los autores españoles Se puede decir desde el principio que la novela negra española nace en los kioscos. Son los autores José Mallorquí, Eduardo de Guzmán, Jordi Gubern,  Pedro Debrigode, Fidel Prado Duque y otros, que conocían el género por haberlo leído en su idioma original.

Aunque las primeras publicaciones fueron de novelas del Oeste y de aventuras, pronto derivaron hacia el género negro en colecciones como FBI de la editorial Rollán y Servicio Secreto de la editorial Bruguera. Para darle más “autenticidad” los autores americanizan su nombre: Edward Goodman (Guzmán), Mark Halloran (Gubern), Peter Debry (Debrigode).

En los años sesenta aparece en la editorial Tesoro una colección que lleva por título “La Novela Negra”, indicador del éxito que el género estaba teniendo en España. Los seudónimos de Eduardo de Guzmán aparecen también en esta colección. Por estas fechas se popularizan en los kioscos seudónimos como los de Siver Kane (Francisco González Ledesma)  o Lou Carrigan (Antonio Vera).

Los kioscos puede que no hayan resistido el paso del tiempo pero los autores y sus obras permanecen inalterables en las librerías de viejo y digitales, sin problemas.

Este tipo de publicaciones por sus características de economía, fácil acceso y manejo llegaron a ser muy populares, y aunque era imposible que sus tramas se acercaran a la auténtica finalidad de sus objetivos, por lo menos lo intentaban, estaban ambientadas en urbes americanas. En España en esos momentos era imposible que hubiera mafias y corrupción. Se estaban sentando las bases de un género que iba a explotar años más tarde con la caída del Régimen y sobre todo iba alentando a una amplia nómina de lectores.

Aunque no tengo el dato no creo que hubiera problemas de publicación con las novelas policiales de detección, menos conflictivas o nada en sus tramas, como las de Agatha Christie y George Simenon, como tampoco las hubo en el cine con la proyección de grandes películas del género, salvo algún hachazo de la censura, claro.

No nos podemos olvidar que en los años 50 y 60 hubo algunos autores autóctonos que publicaron novelas del género , haciendo filigranas contra la censura que les miraba con lupa,  como el barcelonés Mario Lacruz con su obra El Inocente, auténtico precedente de la novela negra española, Tomás Salvador con sus Narraciones Policiales y por último el manchego Francisco García Pavón que con su Jefe de la Policía municipal de Tomelloso, Plinio, creó una novela de tipo costumbrista que hizo las delicias de los lectores en la década de los sesenta, setenta.


FRANCISCO GARCIA PAVON. 1919-1989.

Nació en Tomelloso, Ciudad Real, en 1919 y murió en Madrid en 1989, fue escritor y crítico literario.

Estudió en Madrid Filosofía, profesor de la Escuela de Arte Dramático.

Sus obras más conocidas son la que tiene por protagonista a Manuel González Plinio, Jefe de la Policía Municipal de Tomelloso y su acompañante a modo de Dr. Watson que es Don Lotario, veterinario del pueblo. Novela policíaca con una mezcla de lo estrictamente policíaco con elementos costumbristas y crítica social hasta donde era posible en la época.

Son 16 novelas y varias recopilaciones, cuatro novelas están ambientadas en Madrid durante la Dictadura de Primo de Rivera, y el resto en Tomelloso durante la Dictadura de Franco. Publicadas por la editorial Rey Lear y Destino en los 2000, de fácil acceso.

Entre los relatos de Plinio destacan: Las hermanas coloradas, Premio Nadal del 1969, El rapto de las sabinas, Premio de narrativa 1969.


TOMAS SALVADOR. 1921-1984.

Nació en Palencia en 1921 y murió en Barcelona en 1984.

Se alistó en la División Azul y a su vuelta ingresó en el Cuerpo General de Seguridad, y aunque pudiera parecer un hombre del Régimen, era de ideas liberales e intentó abrir vías de convivencia.

Fue destinado a Barcelona como inspector de policía y allí vivió hasta su muerte.

Escritor prolífico y de variados estilos, narrativa, cuentos, ensayos, historia, recibió numerosos premios. Entre sus obras, una novela reconocida de ciencia-ficción titulada, La nave.

Y entre las obras que competen a este estudio, las novelas policiales que tienen como protagonistas a la pareja tanto policial como sentimental formada por Luis y Sisa.

Otras novelas que podrían tener interés son: Los atracadores, de 1955, El atentado, premio Planeta de 1960 y Opera para un crimen. Rehenes para un atraco, de 1984.

Toda la obra está publicada hace años, tan solo se ha reeditado El atentado, pero se pueden conseguir todas en las librerías digitales. Los atracadores, ha sido reeditada en el 2014 por Salto de página.


RAMIRO PINILLA. 1923-2014.

Bilbao. Tuvo una infancia feliz que transcurría entre dos universos opuestos, el colegio de frailes de Bilbao y la libertad de las playas de Getxo. Vivió la guerra civil con 13 años. A los quince años leía a Dickens, Mark Twain y era un gran aficionado al cine. A los 18 comenzó a escribir sus propias historias, 10 novelas policíacas el seudónimo de Romo P. Girca de las que sólo se publicó El misterio de la Pensión Florrie, en 1944, cuando tenía 21 años.

Trabajó como maquinista naval en la marina mercante durante dos años. Después como administrador en la Fábrica Municipal de Gas en Bilbao. Por las tardes escribía textos de cuentos en el dorso de una colección de cromos, por las noches escribía su propia obra.
En 1960, ganó el premio Nadal con, Las ciegas hormigas. Desbordado por el éxito se estableció en Getxo y acabó rompiendo con Destino, su editorial. En 1971 fue finalista del Planeta con Seno. Más tarde fundó Libropueblo, una pequeña editorial que sólo distribuía en Bilbao y a precio de coste. Eso provocó que su obra no fuera muy conocida.   
Volvió al circuito editorial y al público general con Tusquets al publicar la trilogía, Verdes valles, colinas rojas.

Y en el tema que nos ocupa de novela negra tiene publicadas tres novelas por Tusquets recientemente, Cadáveres en la playa, El cementerio vacío y Solo un muerto más. Tienen como protagonista al librero Samuel Esparta.


MARIO LACRUZ.  1929-2000.

Nacido en 1929 en el Ensanche de Barcelona y murió en el 2000, además de novelista su principal actividad fue de editor literario, siendo el descubridor de numerosos autores como Eduardo Mendoza, Umbral, Rosa Montero, Llamazares y otros, generación de escritores que estaban influenciados por los existencialistas como Sartre, Camus y los escritores Green, Faulkner y George Simenon.

Publicó solo cuatro obras y cabe destacar que a su muerte se descubrió en un armario gran cantidad de texto que se va publicando poco a poco.

En la Trilogía de la culpa se recogen sus tres primeras obras publicadas, El inocente, La tarde y El ayudante del verdugo. Está publicada por la editorial Funambulista en el 2009.

Introducción
Década de los setenta y finales de la Dictadura.